Economía

¿Qué es un 'banco malo' y por qué el Estado termina asumiendo sus pérdidas?

Manuel Objío

Publicado: 18 de agosto de 2026

Basado en información de ABC

Resumen rápido

  • Cuando un sistema financiero enfrenta una crisis, los gobiernos suelen recurrir a mecanismos extraordinarios para evitar un colapso mayor.
  • Un banco malo es básicamente una sociedad de gestión de activos creada por el Estado para comprar préstamos morosos y propiedades inmobiliarias que los bancos comerciales no pueden vender.
  • Sareb nació en 2012, en plena crisis financiera española, con el objetivo de gestionar cerca de 50.700 millones de euros en activos procedentes de bancos rescatados.
¿Qué es un 'banco malo' y por qué el Estado termina asumiendo sus pérdidas?

Cuando un sistema financiero enfrenta una crisis, los gobiernos suelen recurrir a mecanismos extraordinarios para evitar un colapso mayor. Uno de estos instrumentos es el llamado 'banco malo', una entidad creada específicamente para absorber los activos tóxicos de bancos en problemas. El caso de Sareb en España ilustra perfectamente cómo funcionan estas estructuras y por qué raramente cumplen su objetivo inicial de recuperar la inversión.

Un banco malo es básicamente una sociedad de gestión de activos creada por el Estado para comprar préstamos morosos y propiedades inmobiliarias que los bancos comerciales no pueden vender. La idea es simple: al transferir estos activos problemáticos fuera de los balances bancarios, las entidades financieras pueden recuperar su capacidad de préstamo y estabilizar el sistema.

Sareb nació en 2012, en plena crisis financiera española, con el objetivo de gestionar cerca de 50.700 millones de euros en activos procedentes de bancos rescatados. El plan original contemplaba que la entidad vendería gradualmente estos inmuebles y préstamos, recuperando el dinero inyectado. Sin embargo, más de una década después, las pérdidas acumuladas superan los 20.000 millones de euros.

Este agujero financiero se ha agravado recientemente por la transferencia de viviendas al Estado, una operación valorada en 5.900 millones de euros. Esta cifra representa dinero que el banco malo no podrá recuperar mediante ventas al mercado, alejando aún más la posibilidad de devolver la inversión inicial.

¿Por qué fracasan estos esquemas? Varios factores convergen. Primero, los activos que reciben suelen estar sobrevalorados desde el inicio, heredando los precios inflados de la burbuja inmobiliaria. Segundo, vender grandes cantidades de propiedades sin hundir el mercado es extremadamente difícil. Tercero, el tiempo juega en contra: mantener miles de inmuebles genera costos de gestión y mantenimiento que erosionan el valor.

Finalmente, está la cuestión del aval estatal. Cuando un gobierno garantiza la deuda de un banco malo, asume implícitamente que absorberá las pérdidas si la entidad no logra recuperar su inversión. En la práctica, esto significa que los contribuyentes terminan financiando parte del rescate bancario.

La experiencia internacional muestra que pocos bancos malos logran liquidarse sin pérdidas para el erario público. Su verdadero valor no está en recuperar el dinero invertido, sino en evitar un colapso sistémico mayor al momento de la crisis. Entender este mecanismo ayuda a comprender por qué las crisis financieras tienen costos fiscales que se extienden durante décadas, afectando presupuestos públicos y, eventualmente, a todos los ciudadanos.