Instituciones y desarrollo: por qué la tecnología no genera empleo igual en todos los países
Resumen rápido
- Cuando pensamos en el desarrollo económico de un país, solemos atribuirlo a factores como sus recursos naturales, su ubicación geográfica o incluso rasgos culturales de su población.
- Las instituciones económicas son las reglas del juego que determinan cómo funciona una economía.
- El concepto de instituciones extractivas versus instituciones inclusivas es clave para entender las diferencias en desarrollo.
Cuando pensamos en el desarrollo económico de un país, solemos atribuirlo a factores como sus recursos naturales, su ubicación geográfica o incluso rasgos culturales de su población. Sin embargo, la evidencia económica apunta cada vez más hacia un factor distinto: la calidad de sus instituciones.
Las instituciones económicas son las reglas del juego que determinan cómo funciona una economía. Incluyen desde leyes de propiedad y contratos hasta regulaciones laborales, sistemas judiciales y la forma en que se distribuye el poder político y económico. Estas estructuras definen quién puede crear empresas, cómo se protegen las innovaciones, qué tan fácil es acceder al crédito y cómo se distribuyen los beneficios del crecimiento.
El concepto de instituciones extractivas versus instituciones inclusivas es clave para entender las diferencias en desarrollo. Las instituciones extractivas concentran el poder y la riqueza en grupos reducidos, desincentivando la innovación y el emprendimiento amplio. En contraste, las instituciones inclusivas distribuyen oportunidades económicas y poder político de manera más equitativa, creando incentivos para que más personas inviertan, innoven y mejoren su productividad.
El caso chileno ilustra un fenómeno económico importante: la adopción asimétrica de tecnología. Mientras algunos países no solo adoptan nuevas tecnologías sino que crean industrias tecnológicas completas —generando empleos calificados y bien remunerados—, otros países absorben principalmente el efecto disruptivo de esas tecnologías. Es decir, experimentan la destrucción de empleos tradicionales sin la compensación de nuevas industrias que generen trabajo de calidad.
Esta asimetría no es accidental. La capacidad de un país para crear sectores tecnológicos propios depende de múltiples factores institucionales: un sistema educativo que forme talento especializado, marcos regulatorios que faciliten la creación de startups, acceso a financiamiento para emprendimientos de riesgo, protección de propiedad intelectual y mercados que premien la innovación.
Cuando estas condiciones institucionales no existen, los países se convierten en receptores pasivos de tecnología creada en otros lugares. Adoptan plataformas digitales, automatizan procesos y modernizan servicios, pero sin generar las empresas tecnológicas ni los empleos especializados que vienen con la creación —no solo el consumo— de innovación.
Este desequilibrio tiene consecuencias tangibles en el mercado laboral. La destrucción de empleos por automatización ocurre rápidamente, mientras que la creación de nuevos puestos calificados requiere ecosistemas institucionales complejos que toman años o décadas en desarrollarse.
Para los inversionistas y profesionales, comprender esta dinámica es fundamental. Las oportunidades económicas no se distribuyen uniformemente entre países, incluso con niveles similares de ingreso. La estructura institucional determina no solo cuánto crece una economía, sino también qué tipo de empleos y empresas genera ese crecimiento, y quiénes se benefician de él.